Seguridad doméstica: malos tratos

Lo primero que se debiera hacer es difundir panfletos y folletos explicando a la población cuál ha de ser su comportamiento si presencian o sospechan de malos tratos en algún domicilio próximo o son testigos directos de ello. Todavía hoy vamos a los Hospitales y Centros de Salud y no vemos nada al respecto, ni carteles, ni información ni nada; como mucho te aconsejan que vayas a un juzgado y denuncies el caso.
La mujer agredida (hay también hombres pero evidentemente el mayor número de agresiones en el ámbito doméstico van dirigidas a las mujeres), siente primero desconcierto, después busca echarse la culpa por posibles errores cometidos por ella que hubieran podido provocar ese comportamiento violento de su pareja u observa, aterrada, que su pareja es alguien más calculadora de lo que se pensaba y lo ha premeditado todo de modo que está encerrada en un embudo de pesadilla del que no puede salir, constantemente amenazada y más si hay hijos por medio ya que, en este último caso, las amenazas se dirigen hacia ellos. Sea cual sea el motivo, aunque nos cueste creerlo, también hoy en día se dan circunstancias como las anteriores. Olvidémonos de que hay mecanismos para denunciar estos casos porque no pocas veces fallan: falta de información o de la debida atención en juzgados o dependencias policiales, inexistencia de medios que permitan a la persona agredida dejar su hogar con garantías de que no su pareja no le va a encontrar o de que sus hijos y ella estarán en un lugar bien atendidos, recursos insuficientes para dar el primer paso, etc.
Por lo general, en los Hospitales y Centros de Salud, tanto médicos como enfermeros/as cuentan con un protocolo de actuación si se les presenta un caso de malos tratos domésticos. Tanto si la persona agredida acude a urgencias como a una consulta médica normal, el profesional ha de poner en marcha inmediatamente el protocolo que le permita a la víctima contar enseguida con protección no solamente en el ámbito sanitario (se le curan las heridas y se le atiende como es debido), sino también en el ámbito jurídico, poniendo el caso en conocimiento de un juzgado e incluso contactando con alguna asociación, con el Instituto de la Mujer o con la Consejería o Concejalía competente. Jamás el profesional de la sanidad a quién acuda una víctima de malos tratos con lesiones físicas, psíquicas o de índole sexual puede derivar o decirle a la víctima que vaya a un juzgado o comisaría a denunciar el caso puesto que pudiera no sentirse con fuerzas o tener miedo de hacerlo; necesita apoyo y en ese momento está personificado en su médico o en el/la enfermero/a a quienes haya acudido, por lo que son ellos los que deberán contactar con quién tengan que hacerlo y encargarse de todos los pasos que haya que dar.
Esos pasos son:
- Curar las posibles heridas sufridas.
- Hacer los exámenes médicos que procedan.
- Apertura de historia clínica.
- Inicio de la terapia más adecuada según el caso.
- Si es una agresión sexual o física importante, remitir inmediatamente a la víctima al Hospital más cercano pero llamando a una ambulancia, no esperando o dando por hecho que la víctima irá por sus medios, instándole a que no se cambie de ropa para que sea convenientemente analizada de cara a la inculpación del agresor/es.
- En el Hospital, deberían contar con unos informes preparados a tal efecto, encargándose ellos de llamar al médico forense que proceda y rellenando el oficio para el juzgado de guardia, dejando una copia para la historia clínica.
- Se debe informar puntualmente de todos estos pasos a la víctima, que debe ser tranquilizada para que entienda todo y colabore ya que por ejemplo, si se ha visto obligada a realizar una felación, se le debe comunicar que no ha de ingerir líquido alguno hasta el examen forense para de este modo extraer la muestra que pudiera igualmente culpar al agresor (además del resto de pruebas).
- El especialista y el forense han de actuar codo con codo en estos casos y entregar una copia del informe al médico que iniciara su historial clínico si es quién va a llevar su caso en adelante.
El médico que se encargue de la agredida, una vez las primeras actuaciones, las más importantes, se han llevado a cabo, evitará en lo posible recordarle a la sujeto la agresión o agresiones puesto que entonces el trauma persistirá, si bien le animará a no dejar el tratamiento y por supuesto se le pondrá en contacto con los Servicios Sociales para que vea que no está sola.
En todas las consultas médicas, Centros de Salud y Hospitales deberían tener a mano los teléfonos de los Servicios Sociales de su localidad y Provincia para que la atención sea rápida y eficaz.
Y qué se debe hacer fuera del ámbito sanitario. Sabemos que decenas de miles de mujeres sufren violencia doméstica en todo el Mundo a diario. Por alguna extraña razón psicológica, porque la verdad es que no entenderé nunca como un hombre puede ser tan cobarde como para agredir a un ser físicamente inferior a él, ya sea una mujer o un niño, un quince por ciento de las parejas masculinas agraden de una manera u otra a su acompañante femenina a lo largo de su relación. Las mujeres, desde luego, no deben perder la esperanza en el género masculino ya que un 85 % procuramos ser personas honestas y sensatas que cuidan de sus parejas e hijos comunes tratándoles con respeto y amor en una relación de igual a igual. Pero esos otros monstruos están ahí y debemos saber como identificarles y una vez actúen como frenarles o mejor aún, como prevenir su comportamiento. No olvidéis que el silencio nos hace cómplices, como ocurre con otros tipos de terrorismo y el machista lo es, sin duda, un verdadero terrorismo.
La violencia o terrorismo de género existe desde que el hombre es hombre pero esto no justifica nada ya que nuestra educación actual nos permite identificar comportamientos erróneos del pasado y corregirlos.
En Mesopotamia, si una mujer cometía adulterio, su marido podía matarla aunque tenía que esperar cinco años para volver a casarse. En la actualidad, en Irán, cuna de la gloriosa civilización persa, sigue matándose a “mujeres adúlteras”, en público. En cambio, el historiador griego del siglo I a.C. Diodoro Sículo dijo que la mujer egipcia tenía plenos poderes sobre su marido y que era un tanto “libertina” por cómo iba vestida y por la libertad de la que disponía, lo que le llamaba poderosamente la atención ya que en su País, las mujeres iban a todas partes acompañadas de los hombres. De todos modos, la mujer egipcia no accedió a tantos cargos de responsabilidad como se nos pretende hacer creer, quedando relegada en la mayoría de los casos al ámbito doméstico o sacerdotal, si bien es cierto que parece que se le trataba con más respeto que en las culturas mesopotámicas o grecolatinas.
Sería a partir de la Edad Media cuando las mujeres lo pasan peor, supeditadas por completo al hombre en el contexto de la escala feudal de valores sociales y con un patriarcado excesivo heredado de tiempos romanos. Solo Dios sabe cuantas fueron quemadas acusadas de brujería, probablemente porque no accedieron a los deseos carnales de pervertidos clérigos por lo que amparándose en la Inquisición y en las excusas más peregrinas, detenían a dichas mueres, algunas (muchas) menores de edad, casi niñas, para torturarlas, violarlas y después quemarlas. Se calcula que murieron en la hoguera unas 50.000 mujeres, acusadas de brujería. Además, la Iglesia cristiana tiene gran culpa en este proceso de anulación del género femenino a lo largo de la Historia, relegándola a poco más que un objeto en manos del hombre al que debe obedecer desde el mismo momento en que fue extraída de la costilla de Adán; evidentemente, un cuento para niños que inventaron para convencerse y convencerles a ellas, pobres ignorantes, de que su vida estaba en manos de los hombres, amos y señores de su existencia.
Durante muchos siglos, las mujeres, educadas de este modo, creían de veras que la vida y la sociedad debía ser así y que el hombre y la mujer tienen papeles diferentes en el plan divino: el hombre como garante de la seguridad por su robustez física y quién facilita el sustento familiar ya que ha de pelarse con otros individuos por el mismo por lo que está en mejores condiciones para ello que la mujer y ésta, administrando los bienes domésticos conseguidos por su marido y cuidando de sus hijos, transmitiéndoles estos mismos valores por lo que vuelta a empezar.
Génesis 19, 4-8: “Hermanos míos, no seáis malvados. Mirad, tengo dos hijas que no han tenido que ver con hombres; os las sacaré para que las tratéis como queráis, pero no hagáis nada a estos hombres que se han cobijado bajo mi techo”.
Jueces 19, 24-29: “mirad, tengo una hija soltera: os la voy a saca, y abusáis de ella y hacéis con ella lo que queráis pero a este hombre no se os ocurra hacerle tal infamia. Como no querían hacerle caso, el levita tomó a su mujer y se la sacó afuera. Ellos se aprovecharon de ella y la maltrataron toda la noche hasta la madrugada”.
La edad moderna, con los adelantos tecnológicos y los grandes descubrimientos geográficos no supondría ningún cambio para la mujer europea aunque si en no pocos casos para la americana que se vio perjudicada en gran medida de la colonización de las Potencias europeas, en especial de España y Portugal que son las que más se expandieron por el continente.

El Inca era el emperador del orgulloso Imperio Inca, de ahí su nombre. Cuando moría él u otro miembro adulto de la jerarquía real, era costumbre matar a una o más concubinas predilectas del difunto para que los acompañaran al más allá. Las otras concubinas viudas, aparte de dedicarse exclusivamente a los quehaceres domésticos y a la crianza de los hijos, debían permanecer castas. Pero en otras zonas, como en los territorios de los tallanes, mochicas y huancavelicas, se practicaba la poliandria. Algunas mujeres eran dueñas de señoríos, que incluían tanto tierras como servidores. Sus maridos permanecían en casa, tejiendo, hilando, enderezando sus armas y ropas, curando sus rostros y haciendo otras labores femeninas.
En el Yucatán, las mujeres vendían el producto de su trabajo en los mercados y se ocupaban lo mismo de los hijos que de la economía doméstica, puesto que sobre ellas recaía la responsabilidad del pago de impuestos; organizaban bailes para ellas solas, prohibidos a los hombres e incluso se dieron casos de agresiones a hombres que les habían sido infieles lo que no es justificable moralmente pero refleja el alto grado de independencia conseguida por la mujer, aunque no fuera en todos los casos.
Los conquistadores españoles oían historias de mujeres guerreras e incluso llegaron a enfrentarse a ellas aunque son casos aislados motivados por venganzas personales pero muy llamativos. En cualquier caso, con los europeos, la mujer americana pasó a ser esclava, trabajadora en las minas de oro y plata, concubina o un simple objeto sexual que podía ser abandonado en cualquier momento.
Sería realmente la industrialización la que tanto en América como en Europa despertaría por fin la conciencia de la mujer de que debía luchar para evitar seguir estando explotada de ese modo y demostrar que era igual al hombre en prácticamente todo, que debía imponerse el respeto mutuo. Aún así, todavía habría que esperar a 1888 para que la mujer española (ocurría en otros Países de Europa y América) pudiera estudiar en universidades. Si la mayoría de edad del hombre estaba situada en 21 años, la de la mujer, ya en el siglo XX, en muchos Países, era de 25 años.

En España, la llegada de la democracia fue el detonante de la verdadera libertad femenina a todos los niveles. Sin embargo, aún hoy vemos en determinados sectores laborales y ciertos aspectos sociales, una clara discriminación hacia la mujer.
Con respecto al tema principal de este artículo, continuar viendo a mujeres que solicitan ayuda recibir respuestas como “dale otra oportunidad que lo mismo es que está estresado por el trabajo” o “por qué no te separas, eso es porque te gusta o lo que dices de los malos tratos es mentira y quieres asustarle” o que los personajuchos de la telebasura jueguen con la violencia de género montando numeritos mediáticos para que se les llame a los platós, previo pago, para hablar de unos supuestos malos tratos, que muchas veces quedan en psíquicos para evitar tener que presentar informes médicos, restándole credibilidad a las mujeres que sí sufren este tipo de violencia, todo ello supone un flaco favor a la lucha contra el terrorismo de género.
Los victimólogos opinan, en base a sus estudios, que una mujer maltratada tarda del orden de diez años en rehacer su vida del todo. Nadie merece una tortura así y mirar hacia otro lado es una pura cobardía y que el agresor se crezca al comprobar que nadie se atreve con él pudiendo ser fatal la siguiente agresión.
Una medida muy efectiva es no reír los chistes sexistas y recriminar los comentarios en este sentido de los machistas a los que hay que hacerles el vacío para que se sientan aislados y dejen de ver placer en su continua agresividad verbal, física o de actitud hacia las mujeres ya que no nos engañemos, por lo general, esos “machitos” lo hacen porque les ríen las gracias.
Si tu hijo o hija te cuenta que un amigo/a suyos le han contado historias de malos tratos en su hogar, actúa de inmediato y ponlo en conocimiento de los Servicios Sociales. Tu presteza puede ser clave para salvar vidas.
Hace años asistí a unas jornadas de conferencias sobre violencia doméstica en el Colegio de Abogados de Murcia y lo que mis oídos olleron ahí me dejó estremecido. No es mi campo laboral pero sí lo he estudiado a fondo y os aseguro que no se debe, bajo ningún concepto, ser condescendiente con los agresores porque no son enfermos sino unos sádicos a los que hay que castigar con todo el peso de la justicia y de las leyes.
Contra la violencia de género, tolerancia cero
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Adolfo Estévez

